Cunha, prodigio en matemáticas que empezó en el fútbol sala

Antes que en el fútbol, donde destacó Matheus Cunha (João Pessoa, Paraíba, Brasil, 1999) fue en las notas. En matemáticas y física. Más le valía. Su padre, Carmelo, como recoge Luis Miguel Hinojal en un perfil sobre el fútbolista brasileño en El País, era blanco y profesor de química. No tiene detrás la típica historia de favelas y calle. Su familia es de clase media. Empezó en su ciudad, la capital del estado de Paraíba, conocida como ‘la ciudad donde el sol nace primero’, porque es la que se encuentra en el punto más oriental del continente americano, en el fútbol sala, en el club Cabo Branco, en el que su padre también jugó. Pronto destacó. De ahí, una llamada, del centro de entrenamiento Barao, en Recife, a 100 kilómetros de casaMateo, así le apodan, se fue allí, a vivir con su abuela.

«Matheus, un notable estudiante«, como cuenta El País, «estuvo allí tres años». En ese proyecto social y deportivo que formaba a niños integrando fútbol sala, fútbol 7 y 11. A los 14, otra llamada. Un empresario le vio, se prendó de su calidad y le propuso a sus padres otro traslado, ahora a 3.000 kilómetros al sur: Coritiba. Su madre, Luziana, de piel negra, le preguntó: «¿De verdad quieres ir?». «Recuerda aceptarte a ti mismo y ser fuerte. Por allí algunos van a decir que eres negro y te llamarán Paraíba. Y lo eres«, le dijo, cuenta Hinojal antes de precisar que Paraíba es «el término a manudo utilizado de forma despectiva y racista con el que muchos brasileños apodan a los ciudadanos negros de todo el nordeste». Y Cunha era fuerte, sí, y perseguía un sueño. Ese que le contaban los posters de Ronaldinho y Podolski en su habitación, ya sus ídolos.

Campeón olímpico en Tokio

Allí no sólo jugaba, también ayudaba en matemáticas y física a los alumnos del club con más dificultades en esas materias. En 2017, en Dallas, un ojeador del Sion le vio y su llamada le condujo a Europa. «A pesar de que era muy joven, cuando mi representante me comunicó que me querían, ni me lo pensé«, declaró el jugador. También destacaba en idiomas, se adaptó rápido. 10 goles, el Leipzig, uno de sus goles en la Bundesliga, al Leverkusen, fue el gol del año. En febrero de 2020, llegó al Hertha, por 18 millones. Nueve goles en 11 partidos, siete la temporada pasada. Ahora llega el salto definitivo, ese que hace junto a su mujer, Gabriela, abogada, y su hijo Levi, nacido en 2020. Cuando llegó al Sion, sus padres viajaron con él. En un momento, en su debut con el club suizo, Cunha se acercó a su madre, y le preguntó. «¿Qué tal?». «Está muy bien, pero estás fallando un poco. Deja de hacerlo», le espetó su madre, Luziana. Ahora, en el Atlético, tiene la oportunidad de mejorarlo, ese debut. «Es un sueño estar acá», dijo en sus redes sociales ayer, nada más hacerse oficial su fichaje. En perfecto español, por cierto. Y una inmensa sonrisa Profiden. Al cuello, ya una medalla. La del oro que Brasil logró en los Juegos de Tokio, frente a España, en la que Luziana ya pudo ver como su hijo marcaba el gol de la victoria.

Los 40 millones de Odegaard

Martin Odegaard regresaba a Madrid con intención de pelear un puesto, pero una vez más, la moneda en la capìtal de España ha salido cruz. El noruego no tiene clara la continuidad en el equipo blanco y este no especulará con quedárselo o no y ya le pone precio.

Según Goal, el camiseta Real Madrid barata ha tasado a Martin Odegaard en 40 millones de euros. Al noruego le restan aún dos años de contrato con el club blanco, pero que está en situación de salida es palpable. Odegaard no entró en la convocatoria contra el Alavés y sigue atento al mercado.

En esta situación, el principal candidato para desbloquearla es el Arsenal. El conjunto londinense, en el que ha estado cedido Odegaard, es el principal interesado en llevarse al mediapunta. Ahora, ya conocen el precio.

Con la salida de Joe Willock, los gunners han ingresado casi 30 millones de euros que bien podrían utilizar en tratar de fichar al jugador del Real Madrid.

En el Arsenal, Martin Odegaard dio un buen nivel aunque sus datos se quedaron algo cortos en poco más de media temporada. Con los londinenses jugó 20 partidos (1300 minutos) en los que marcó dos goles y dio dos asistencias.

Insigne, otro ‘caso Donnarumma’

Lorenzo Insigne ha vivido un curso inolvidable. A pesar de no haber conquistado la clasificación en la Champions (tirada en la última jornada de la Serie A con el absurdo empate ante el Verona), el delantero ha firmado con el Nápoles su mejor temporada a nivel de números, sumando 19 goles y 11 asistencias en 48 partidos.

Roberto Mancini le ha convertido en un hombre clave de la Nazionale, de la que fue el número 10 en esta triunfal Eurocopa. El napolitano fue un titular intocable y realizó dos tantos, uno de los cuales, ante Bélgica, precioso, histórico y decisivo para el pase a semis. Si a pesar de todo eso el extremo no vive semanas tranquilas es por su situación justo con el equipo de sus amores, donde ha crecido y del que siempre fue hincha. Insigne termina contrato dentro de un año y de momento no existe negociación para renovar.

De Laurentiis afirmó que quedarse o no dependerá solo del jugador, ya que «si tiene ganas de irse por Europa» no es culpa del Nápoles. El problema, sin embargo, es económico: la entidad partenopea quiere bajarle su actual sueldo, 5 millones netos, algo que el jugador no considera justo. El ‘Magnífico’ es el capitán del equipo y también con Spalletti será uno de los pilares técnicos del proyecto, sabe que es un trozo de historia del club. El italiano terminó su relación con Mino Raiola (ahora le representa Vincenzo Pisacane) justo porque no tenía intención de dejar su ciudad, pero el panorama ha cambiado y la complicada relación con De Laurentiis podría llevar a una separación.

Desde el Nápoles se filtra que no hay ofertas para su traspaso, que costaría entre 20 y 30 millones de euros, y que no habrá descuentos. Con Milik, al que en 2020 también le quedaba solo un año de contrato, pasó lo mismo: los azzurri pidieron entre 15 y 20 millones también en enero. El riesgo es que el de Insigne, que soñaba con ser ‘el Totti del Nápoles’, se convierta en otro caso Donnarumma, con un ídolo de la casa crecido en la cantera que abandona el club de mala manera y como agente libre.

El delantero, que ha cumplido 30 años en junio, quiere seguir bajo el Vesubio (lleva en su piel el San Paolo, la cara de Maradona y el escudo del club…), pero no acepta recortes: un punto medio podría ser dejarle la gestión de sus derechos de imagen, algo que el Nápoles no concede nunca al 100%. La negociación será muy larga y empezará en las próximas semanas, cuando Lorenzo volverá de sus vacaciones como campeón de Europa. De Laurentiis le espera: tienen mucho que decirse.