El Madrid, del rosa al colorado

Entre que el Madrid se cree lo que aún no es, que el Sheriff trajo un portero galáctico y que Ancelotti se echó al monte antes de tiempo, al equipo blanco se le fue un partido que creyó tener en el bolsillo desde el día del sorteo. La cosa comenzó en un sesteo, continuó con un asedio repleto de oportunidades perdidas (31 disparos) y acabó con un resultado bochornoso. Sólo Vinicius supo entender cómo se resuelven pleitos como este, pero no bastó. Así entró el Madrid en la historia del Sheriff y el partido, en la historia negra del Madrid en su competición de cabecera.

Ancelotti ha dirigido a ocho equipos en la Champions, más que nadie en la historia. Es decir, lo ha visto todo. Y sus ojos desconfiados le dijeron que cualquiera que se cuele en la fase de grupos de este circo tiene uñas y dientes, incluido este Sheriff multinacional y novato, capricho menor de un oligarca y construido con un dinero que no sale de la industria, aunque no sea lo mismo montar un equipo ganador desde una república fantasma que desde un emirato bañado por el petróleo.

Así que el italiano, sospechando que el partido iba a tener miga, sólo se guardó a Modric de los verdaderamente imprescindibles. Eso sí, pasó el corrector a su alineación del sábado. La labor artesanal para cuadrar a intocables y emergentes en el mismo once acabó por mandar, ante el Villarreal, a Valverde al lateral derecho y a Nacho al izquierdo. El resultado de la maniobra fue que se perdieron dos bandas por el camino.

Un mal comienzo

Ante el Sheriff le dio una salida más lógica al equipo con Nacho y Miguel Gutiérrez en sus papeles naturales. Y además tiró de Hazard. Jugadores en rehabilitación física y moral como él agradecen partidos presuntamente a favor de obra. Este lo era. Pero del belga se espera un partido que le sirva de justificante a tanta paciencia. Jugó por detrás de Benzema y por delante de Casemiro y Camavinga, con Valverde inclinado a la derecha. Un ecosistema ideal para ayudarle a encontrar la salida del laberinto y anduvo más despierto y emprendedor de lo habitual.

Pero aquel viento a favor que se suponía se volvió inesperadamente de cara. Un Madrid asimétrico, muy volcado a la izquierda, balonmanizó sin ideas de salida ante un equipo disciplinadísimo atrás y con capacidad de respuesta en la contra. En una de ellas desvisitió al cuadro blanco. Cristiano profundizó por la izquierda y su centro fue cabeceado por Yakhshiboev de modo imparable. Poco después el uzbeko rozó el segundo, en disparo cruzado que Courtois sólo pudo seguir con la vista.

Hasta entonces el Madrid, al que el Villarreal bajó el hinchazón de optimismo, anduvo pensando que aquello se resolvería solo, a paso de procesión, sin gasto de energía. Al fin y al cabo enfrente había un don nadie. Pero partidos de baño y masaje ya no existen. Sólo Camavinga le dio cierta marcha al equipo, que tardó casi 20 minutos en disparar a puerta. Quizá convenga recordarle al Madrid que ante equipos de la clase media alta de la Liga sus triunfos, cuando llegan, se miden en milímetros. O sea, que no le sobra tanto.

Después del insólito 0-1 sí imperó el ranking UEFA, la abismal diferencia entre el multicampeón y el último en llegar. Y empezó el bombardeo. Miguel Gutiérrez, Vinicius, Hazard dos veces, Nacho, Benzema, Casemiro… Una embestida en toda regla que convirtió a Athanasiadis en superhéroe. El Sheriff llegó al descanso con respiración asistida.

El asedio se intensificó tras el descanso desde un lugar que se ha vuelto habitual: Vinicius. Evidentemente la solución estaba por fuera visto el tapón que el Sheriff había montado por dentro, con sus dos mediocentros de primera barrera y los centrales de segunda.

El terremoto de Ancelotti

En cualquier caso, ante el temor de un sonrojo histórico, el Madrid comenzó a jugar con la prisa del desesperado demasiado pronto. La lluvia de centros moría en aquel puré defensivo moldavo hasta que Vinicius encontró la solución a su modo. Dos entradas como un relámpago por la izquierda acabaron de igual modo, con derribo del alborotador brasileño. Costanza se libró del penalti; Addo, no, tras el paso del belga Visser por el VAR. Benzema transformó el penalti, pasó a Raúl y se convirtió en el cuarto goleador de todos los tiempos en la competición.

Entonces Ancelotti ordenó una carga insólita, un terremoto inexplicable con 25 minutos por delante: cuatro cambios, cuatro delanteros, Valverde de lateral derecho, Camavinga de lateral izquierdo y Modric y Kroos, que aún debe ponerse al día, al volante de ese alocado 4-2-4. Con la sacudida aún caliente a Bruno le anularon el 1-2 por un pie.

Fue el penúltimo aviso del Sheriff, a merced ya de lo que aguantara el heroico Athanasiadis, un portero con ocho manos y una cara providencial, la que casi le rompe Modric con un trallazo a quemarropa. Pero aún quedaba el último giro de guión, un trallazo espectacular de Thill que dejó al Madrid con el blanco en el marcador y el rojo en la cara. El pinchazo tiene remedio en la tabla, pero el equipo será carne de telediarios en medio mundo.

Solo Messi y Benzema tienen la misma madera que Embarba

Justo a tiempo, tras superar la COVID-19, se recuperó Adrián Embarba en la primera vuelta para reencontrarse con el Rayo Vallecano. Para rememorar sus siete temporadas en Vallecas y especialmente sus registros de la pasada campaña, 11 asistencias (además de siete goles) que le llevaron a fichar por el Espanyol y a terminar el curso siendo el máximo pasador de Segunda aun habiéndose marchado en enero. Ahora, justo un año después, el extremo recibirá al Rayo en el RCDE Stadium liderando una estadística muy diferente.

Se ha convertido Embarba, muy a su pesar, en el jugador de Segunda y de todo el fútbol profesional español –igualado solo por Lionel Messi y Karim Benzema, palabras mayores– que más disparos estrella en la madera de la portería rival. Con el del pasado sábado en Montilivi contra el Girona en una rosca que había superado a Juan Carlos Martín, lleva cinco esta temporada, por delante de los cuatro de Gerard Moreno e Iñaki Williams y los tres, entre otros, de su compañero Javi Puado y del goleador del Almería Umar Sadiq. También se topó con los postes el atacante perico ante Albacete, Mirandés, Leganés y Cartagena.

El desatino de Embarba –o su puntería fina, que hay que tenerla para acertar con el palo– erige también al Espanyol como el equipo profesional, junto al Real Madrid, que más veces ha estrellado sus sueños con la madera esta temporada. En hasta 12 ocasiones ha chutado al poste, por las 11 del Oviedo y del Zaragoza, y las diez del Atlético de Madrid, el Valladolid y el Leganés. Además de los cinco palos del extremo y los tres de Puado, en el Espanyol han corrido esa suerte Wu Lei (dos veces), Raúl de Tomás y Lluís López.

La representativa jornada 23

Con tanta madera, y a pesar de que lleva cinco goles esta campaña con el Espanyol, no consigue marcar Embarba desde el pasado 7 de noviembre, frente al Lugo. Y, con otras cinco asistencias, ninguna acaba en gol desde el 2 de diciembre en Cartagena.

A pesar de su peso innegable en el equipo de Vicente Moreno, se encuentra por ahora lejos de esos dígitos, 11-7, de cuando dejó el Rayo hace un año para enrolarse en el Espanyol. Lo hizo tras la jornada 23, exactamente la misma en que ahora los vallecanos visitarán Cornellà. Le queda todo un mundo por delante para revertir los guarismos, bastará con redirigir su pulso un par de centímetros.