Suárez evita disgusto mayor

Saltó la Real Sociedad al partido persiguiendo esa silla que a lo largo de la tarde le habían ido quitando. Primero Sevilla, después el Madrid, ahora el Atleti buscando lo mismo. Su trono. Una Real condicionada por las bajas y con experimento: Gorosabel lateral zurdo y Zaldua como extremo en dibujo 4-3-3. Cinco minutos le duró la idea a Imanol. Había salido el Atleti con presión y presencia. Sin ganas de ir remolque otro día más, otro partido. Pero fue modificar la pizarra Imanol, cambiar a los cinco minutos a defensa de cinco, y encontrarle costuras a los guantes de Oblak, con más fugas que Alcatraz este año. Noche negra.

Todo comenzó en João Félix, reluciente púa de ese tridente que Simeone sacaba por primera vez esta Liga. El portugués, Suárez y Griezmann. Intentó éste un regate en el centro y Guevara le robó el balón. En tres toques se fue la Real. De Guevara a Silva, de Silva a Merino, de Merino a Isak y de Isak a Sorloth. Verticalísima, rapidísima. Con pases que eran cuchillos y dejaron al noruego solo ante el portero. Salió Jan otra vez con gesto pálido, pétreo, de estatua. Sorloth le rebasó y marcó. Así, tan fácil. Tan extrañamente tan fácil.

Seis minutos habían pasado sólo y sobre el Atleti ya parpadeaba ese 0-1 en el electrónico. Pero el tridente del Cholo ni pinchaba ni cortaba. Era romo. No le daba al argentino ni una triste ocasión que llevarse a la boca. Incapaces sus púas de escapar a esa cárcel de centrales que había brotado de la pizarra de Imanol tras ese minuto cinco (Elustondo, Le Normand y Zubeldia). Tres centrales que Simeone sólo podía mirar con nostalgia: a él esta noche le había tocado jugar con dos, Felipe y Hermoso, en defensa de cuatro, Giménez reserva de inicio. Su centro del campo, el mismo que había brillado ante el Liverpool, De Paul-Koke-Lemar, se había apagado. Y desconectado de arriba. No encontraban caminos que llevaban a Suárez, João y GriziNo sabía ninguno de los hombres del Cholo, tampoco, cómo taponar la salida de balón txuri-urdin, y eso que la pelota partía desde el mismito pie de Remiro, en un recital incansable. Ni siquiera João, con la linterna encendida, era capaz de sacar a sus compañeros del laberinto.

El inicio de la segunda parte fue un calco. Todo lo anterior repetido. Una Real que parecía haberse duchado en aceite, tan escurridiza e inasible. E Isak de nuevo ahí, lanzando dentelladas a Oblak. En una dejó solo a Silva a sus pies y paró el portero como se le conoce, San Jan, guantes milagros. En la siguiente, regresó el Oblak humano, el de las fugas: incapaz de blocar esa falta que, desde la frontal, ni fuerte ni especialmente colocada, le lanzó Isak. «Viva Suecia», parecieron gritar los puños apretados de Imanol. 0-2.

Entonces, la luz. Porque el talento siempre encuentra un resquicio. Y al descanso el Atleti había dejado a un Lemar tocado en la ducha y salía con Carrasco. Y con el belga todo tiene una velocidad más. El equipo, el ritmo, las ocasiones. Hasta la linterna de João, ese futbolista por los que se pagan entradas al fútbol. De su bota brotó una rosca medida, templada, hacia Suárez. El uruguayo la cabeceó inspirando y expirando pólvora para enviarla allá donde no llegaría Remiro. 1-2. Media hora por delante y Correa ya en el campo.

Lo había volcado el portugués, tunelando en cada uno de sus pases, el botín convertido en pincel. El cambio de Griezmann casi coincidió con esa jugada, la del empate: sacrificaba el Cholo esa púa de su tridente cuando Merino pisaba el gemelo de Suárez en el aire, en el área. Munuera Montero no vio pero hubo llamada del VARbitro al oído. Era penalti. Suárez engañó a Remiro para estampar con violencia la pelota en su red. 2-2.

«La grandeza del hombre consiste en que carga con su destino», que escribió Milán Kundera. Y el destino del equipo del Cholo es que nunca se rinde. Había logrado ya el empate y sólo buscó la victoria en los 13 minutos restantes, más cinco de añadido. Con centros laterales y uys de Correa, sobre Remiro, pero sin ser capaz de arrebatarle ese empate a Imanol que le agarraba fuerte a su silla, a su trono en LaLiga.

El líder llama a la puerta

Como a este Barça no hay por dónde cogerle, la prueba de esta noche en el Camp Nou (21:00 horas Movistar LaLiga) contra la Real Sociedad, se adivina como una piedra de toque excepcional para demostrar a todos aquellos que tratan de resolver la situación real, o algo parecido, del equipo de Koeman . El líder llama a la puerta de un Camp Nou en un duelo que sin duda va a evaluar a su equipo en consonancia al resultado de esta noche ante los vascos. O caja o faja. No hay más.

Para el Barça esta noche sólo vale el resultado, no se puede mirar más allá. En otro tiempo se apuntaría a la manera, pero a día de hoy no hay más que el puesto en la clasificación, o el teletexto que decía un ilustre como Begiristain, figura que une a la Real y al Barcelona como ninguna.

La Real Sociedad comparece en el Camp Nou como líder en un partido adelantado de un campeonato que tiene partidos pendientes ante un equipo que no sabe dónde está. Un lío tremendo que tiene dos lecturas. Una es la que favorecería a los de Imanol, que pueden dar una estocada a un rival que hace tiempo que no sabe dónde está. Un triunfo txuri-urdin sería gasolina para los vascos, que vería cómo su candidatura se reafirma mientras que para el Barça sería la constatación de que el curso es de objetivos mínimos.

Pero lo inesperado de este partido, que llega emboscado, supone una oportunidad para los de Koeman, que con los números en la mano igual no están tan mal como parece. Al loro.

Koeman exigió a los suyos hace dos semanas ganar todos los partidos hasta fin de año y a la primera curva sus muchachos se fueron de la pista en CádizNo se admiten más errores en el Barcelona ni que esté la Real delante. Hace un mes, el empate se daba por bueno, ahora, el triunfo es inexcusable para un equipo que sabrá después de este test que es lo que puede ser de mayor en LaLiga. Si hay partidos que marcan un antes y un despuéseste es uno de ellos.