Reencuentro con Rodrigo

El sorteo de cuartos de final de la Champions empareja al Atlético con un rival contra el que no tiene estadísticas. No existen. Será la primera vez: el chandal manchester city 22 23. El que fuera el equipo por el que el Kun Agüero dejara al club rojiblanco en 2011, donde permanecería diez años y Europa nunca les volvería a cruzar, ahora se encontrará con los rojiblancos por una plaza en la semifinal, en la temporada en la que el Kun se fue al Barça, en la temporada en la que un problema de corazón ha alejado al Kun para siempre del verde, retirándole cuando había regresado a LaLiga. Nunca volvió a cruzarse con sus ex, aunque el Calderón primero y el Metropolitano después, así lo deseara. No será el caso de Rodrigo Hernández (Madrid, 1996).

Acunado en la cantera del Atleti, era un crío cuando Agüero se llevaba las mayúsculas en rojiblanco de los titulares. En sus categorías inferiores comenzó, jugó de 2007 a 2013 cuando se fue a Vila-real. En 2015 debutaba en el primer equipo, en 2018 se hacía imprescindible, año en cuyo verano regresaba al Atleti para heredad el ’14’ de Gabi. A nadie podía sentarle mejor. Cantera, garra, personalidad, fútbol. Pero la historia de su reencuentro solamente duraría un año mientras su nombre, Rodri, se hizo largo, se convirtió en Rodrigo. Se hizo fijo para el Cholo, en el doble pivote con Thomas, 47 partidos, tres goles, pero una llamada aquel año le haría volver a hacer las maletas. Era de Pep, de Guardiola, para el City. Un tren que su cabeza le decía que no podía dejar pasar, por mucho que su corazón sintiera otra cosa.

Rodrigo se fue del Atleti dejando en las arcas los 70 millones que eran su claúsula (el club rojiblanco había pagado por él 20 al Villarreal), sin rollos, con pena, pero con la seguridad de que el tren que pasaba era la horma para sus botas. El fútbol de Pep. Dos temporadas y media, 137 partidos y nueve goles después se ha convertido en uno de los pivotes más cotizados del mundo. Con Pep se ha convertido en algo más que un pivote, con Pep Rodrigo ya es un todocampista. Más inteligente, más polivalente, con más llegada al gol. Y más protagonista con balón y sin balón, rápido y eficaz en la presión y en la conducción. Siempre titular y pilar. Como pivote único. Un crecimiento que, ahora, en los cuartos, regresará al Metropolitano pero con otra camiseta, la rival, en un enfrentamiento que nunca se produjo con Agüero pero que será clave para que los rojiblancos alcancen las semifinales. Intentando que Rodrigo no pueda llevar al verde la ley de los ex.

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